

Tabucchi escribió en la décima edición italiana que:
(...)En portugués Pereyra significa peral y,como todos los nombres deárboles frutales, es un apellido de origen judío, al igual que en Italia los
apellidos de origen judío son nombres de ciudades.Con ello quise rendir
homenaje a un pueblo que ha dejado una gran huella en la civilización
portuguesa y que ha sufrido las grandes injusticias de la
Historia.Pero
hubo otro motivo, esta vez de origen literario,que me empujaba hacia ese nombre: una pequeña pieza teatral de Eliot titulada What about Pereyra?, en la que dos amigas evocan, en su diálogo, a un misterioso portugués llamado Pereyra, del cual no se llegará a saber nada.De mi Pereyra, en cambio, yo comenzaba a saber muchas cosas.En sus visitas nocturnas me iba contando que era viudo, cardiópata e infeliz. Que le gustaba la literatura francesa, especialmente los escritores católicos de entreguerras, como Mauriac y Bernanos, que estaba obsesionado por la idea de la muerte, que su mayor confidente era un franciscano llamado padre Antonio, con el cual se confesaba emeroso de ser herético porque no creía en la resurrección de la carne. Y después las confesiones de Pereyra, unidas a la imaginación de quien escribe, hicieron lo demás.(...) El día feliz del nacimiento de un hijo mío también nacía, gracias a la fuerza de la escritura, la historia de la vida de un hombre.Tal vez, en la inescrutable trama de los eventos que los dioses nos conceden, todo ello tenga su significado.
En esta novela Tabucchi nos confronta con la responsabilidad que tenemos como sujetos enmarcados en un contexto histórico , al que ineludiblemente no nos podemos sustraer, al menos, sin consecuencias.
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