El silencio cómplice de gran parte de la Iglesia Católica,aún en democracia, frente al homicidio del obispo Angelelli, permitió que no existiera justicia hasta que aparecieron demasiadas pruebas como para reabrir la causa.


Así como tantas veces había estado al lado de los campesinos ayudándolos a formar cooperativas y enfrentando a los terratenientes, así seguía del lado del apostalado de la justicia, y por lo tanto, decidido a buscar la verdad.Ofició la misa en Chamical en cuya homilía denunció los crímenes.Luego partió por los caminos polvorientos de La Rioja junto al padre Arturo Pinto;habían logrado reunir bastante información.